Exposiciones anteriores en Galería Ansorena

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Bernabé, Francisco Castro, Pablo Puyol, Jorge Gallego, Cristina Almodóvar y Jesús Curia

Fue expuesta desde el 14 de septiembre de 2010 hasta 9 de octubre de 2010.
Obra de la exposición 4 + 2

Alrededor de 50 obras nos trasladan al mundo de la figuración y el paisaje desde diferentes técnicas y miradas. Desde la sobriedad de los paisajes de Jorge Gallego, a la abstracción de la obra de Pablo Puyol, el realismo insinuado de las acuarelas de Francisco Castro o el pop mas fresco de los interiores y reflejos de Bernabé.

A todas estas pinturas les acompaña las obras de la escultora Cristina Almodóvar que muestra su particular visión de la naturaleza y el equilibrio de la figura de Jesús Curia.

Sin Título

David Morago

Fue expuesta desde el 17 de junio de 2010 hasta 30 de julio de 2010.
Obra de la exposición Sin Título

La exposición, formada por acrílicos sobre madera (dejando incluso en ocasiones entrever las vetas) y dibujos en lápices sobre papel, revela la actual preocupación del pintor por el tratamiento del color que adquiere en esta ocasión un protagonismo especial en su obra.

Morago ha continuado explorando las posibilidades que le brinda su técnica añadiendo ahora toques colorísticos. Dibujando tramos en distintas capas crea un efecto de vibración que podemos apreciar en los cielos estrellados de sus paisajes nocturnos.

Y es precisamente el efecto de la luz de la noche, presente en todas sus obras, el que nos hace percibir con un halo de misterio interesantes contraluces en árboles, animales, personas y casas en contrapicado.

En definitiva estamos ante una pintura que no son más que imágenes cotidianas actuales que forman parte del universo personal de este joven artista.

Cristina Duclos

Cristina Duclos

Fue expuesta desde el 11 de mayo de 2010 hasta 12 de junio de 2010.
Obra de la exposición Cristina Duclos

Cristina Duclos inaugura una nueva exposición en Ansorena Galería de Arte manteniendo la naturaleza como hilo conductor de la muestra e incorporando esta vez algunas novedades como son los temas marinos. Corales y algas vienen a añadirse a su repertorio de insectos, ramas, hojas y coloridas flores.

Sin dejar de trabajar sus magníficos óleos de alegres flores gigantes, el espectador encontrará obra sobre papel. Se trata de unos papeles de seda y hecho a mano muy especiales elegidos por la pintora en los que plasma las flores en técnica mixta, tintas, y acuarela

La experiencia escultórica de la anterior exposición sigue con más fuerza este año. Duclos ha continuado explorando las posibilidades que le brinda esta técnica al bronce con unos resultados sorprendentes y novedosos.

Su actual preocupación es el tratamiento de las texturas tanto en la pintura como en la escultura, como lo demuestra en esta ocasión.

Esculturas

Arturo Berned

Fue expuesta desde el 13 de abril de 2010 hasta 18 de mayo de 2010.
Obra de la exposición Esculturas

En Ansorena Galeria de Arte expone Arturo Berned escultor y arquitecto nacido en Madrid en 1966. La muestra se compone de una serie de esculturas constructivistas en acero cortén e inoxidable desde le pequeños al grandes formatos. Es su segunda exposición en Madrid despues de haber recorrido paises como México, Inglaterra y EEUU.

Coro López-Izquierdo

Coro López-Izquierdo

Fue expuesta desde el 11 de febrero de 2010 hasta 13 de marzo de 2010.
Obra de la exposición Coro López-Izquierdo

Digamos que está la estructura y luego está la forma. Digamos que está el fondo y además, y acaso no después, está el motivo. Digamos que lo pintoresco es lo que sucede a lo puramente anecdótico y que ello puede dirigirse hacia la esencia. También están los motivos y están las excusas, los temas y las suposiciones de ellos. Todos estos conceptos, casi como compuestos químicos, flotan y rebotan en las paredes de la habitación que tiene como estudio Coro López Izquierdo mientras me enseña sus obras más recientes.

A menudo se ha vinculado su labor con esa otra vida suya vinculada de modo casi sanguíneo con el arte, el saber y la disciplina de la arquitectura. Parece obvio pensar así cuando las fachadas de edificios de diversa condición han venido poblando esa avenida que es su trayectoria pictórica. Y, sin embargo, a la vista de esta serie de cuadros últimos, uno encuentra que lo arquitectónico se encuentra muy lejos de ser el tema, que aquí no es más que una excusa.

Los edificios siguen siendo el elemento que ordena su pintura. Pero su alzado no se corresponde con un vehículo para el retrato de su presencia física, sus características como volumen construido, sus ornamentos o su historia. Más bien uno tiene la sensación de que las edificaciones son algo así como el nivel, el plano de lo pictórico, algo que ordena la pincelada, que da salida a esos fondos envejecidos mediante el calco de papeles de periódico: un sistema para ordenar la materia viva, la sugerencia, los matices de color, para dotar de armonía. La musa y la cuadrícula de la pintura.

Ello llega hasta el punto de que muchos de estos edificios de ahora, y del pasado, resultan a poco que se los mire irreales, imposibles, casi metafísicos. Coro López Izquierdo inventa, compensa, rellena, reorganiza, reconsidera, prologa lo que llama la atención a su observación de los rincones. En suma, reedifica lo pintoresco al compás de un ímpetu simétrico y geométrico probablemente más fuerte que el ella cree tener. Desde esta perspectiva sólo hay que mirar de nuevo para darse cuenta del carácter escenográfico de esas fachadas. Son como decorados de una película de la época dorada de Hollywood. Tara, Xanadú. Esqueletos iluminados, ilusiones.

¿Y el tema? El tiempo, por supuesto. Pero no tanto el pasado o ese presente tan propio de los pintores realistas como el futuro. Sin querer aventurarme en exceso me atrevería en cambio a afirmar que el sentido del tiempo en la pintura de Coro López Izquierdo está marcado por la idea de qué sucede con lo que un día es nuevo. De nuevo, la arquitectura es la excusa y no el motivo: ¿por cuánto es un edificio recién terminado, nuevo, flamante? ¿Qué forma tomará algo que no tiene forma aún (como un saco de cemento lanzado al suelo desde cierta altura)? Esa quizá es la pregunta que se hacen estas pinturas.

La sensación de ruina y degradación, de paso del tiempo que transmiten los cuadros no es exactamente de esa clase que trasmite cualquier poética de la fugacidad. Es más bien del tipo de la que percibe lo inefable de los cambios. ¿Cuánto durará esta casa así? ¿Cómo será este barrio o este solar o este camino dentro de unos años? Quizá sea más bien esa la pregunta que se hacen estas pinturas.

No en vano, los últimos y prometedores avances en la obra López Izquierdo consisten en la sutil incrustación de técnicas de collage dentro de los lienzos. Fotos pegadas entre las que llaman la atención las de esos cúmulos de carteles de anuncios pegados y superpuestos unos encima de otros tan típicos de las ciudades contemporáneas. Capas de momentos, de eventos que no regresan. Capas que se trasladan físicamente al lienzo mediante una instantánea integrada en él.

Esta sugerente nueva dirección que comienza a insinuarse ahí asimismo podría expresar algo más, que ya presenta esa naturaleza y virtud de excusa de lo arquitectónico: la fachada no sólo como espectro sino como mera superficie para la pintura. Al salir de la habitación, en efecto uno vuelve a tener la sensación de que Coro López Izquierdo quiere convertir el lienzo en una pared, un fondo sobre el que mezclar el color, pegar, espolvorear y hacer brotar musgos, pequeñas plantas, manchas, heridas y pintadas. De que su pintura se dirige a salir por la puerta de cualquiera de los edificios en que supuestamente estuviera guarecida, abandonando las anécdotas, lo pintoresco y las excusas.

Un cuento

Jorge Bayo

Fue expuesta desde el 12 de enero de 2010 hasta 8 de febrero de 2010.
Obra de la exposición Un cuento

Un cuento:

Hace algún tiempo estuve colaborando en una muestra para un joven museo de Arte Contemporáneo lejos de mi ciudad. Mi participación consistía en mostrar mi trabajo y también realizarlo en una de las salas que se habilitó para tal fin a semejanza de mi estudio. Allí pintaba a los espontáneos que se ofrecían para ser mis modelos y pasar a formar parte de la serie que di en llamar “Pinturas como nosotros”. Me gusta mucho pintar retratos y además estaba en racha así que todo iba bien. Estaba orgulloso, satisfecho y constantemente recompensado por el cariño de las personas que se acercaban a ver lo que hacía. Era feliz. Tan sólo una sombra en mi horizonte diario: me encontraba solo. Cuando el museo cerraba sus puertas no me quedaba otra cosa que hacer más que vagabundear por calles tan solitarias como yo mismo. Menudo plan! De haber permanecido más tiempo hubiera encontrado la manera de llenar ese vacío afectivo. Como sabía que aquello era transitorio tampoco me preocupaba mucho. No lo cuento como un lamento; tan sólo menciono que no sabía muy bien qué hacer conmigo mismo.

El hotel en el que me hospedaba ere una fantasía bizarra de los años 70. No me refiero a la moda actual de revisar estilos pasados, si no a la auténtica y original pesadilla sintética de formas, colores y texturas en su más genuina expresión de “horror vacui”. Curiosamente tenía un cierto orden y hasta se puede decir que uno se encontraba a gusto. Quizás la razón se debiera al orgullo y el cariño con el que la familia propietaria, que además atendía el negocio, había sabido insuflar y mantener durante tres generaciones; con la esperanza de un nuevo esplendor. Y allí estaba la ocasión: un flamante museo de Arte Contemporáneo, justo al a vuelta de la esquina, listo para atraer multitudes a la pequeña y dormida ciudad y obviamente a su negocio. Y allí estaba yo: la vanguardia de sus esperanzas.

Una noche, si cabe aún más tranquila y aburrida, al volver de mi paseo, ellos me susurraron desde recepción. Por “ellos” ahora me quiero referir al jefe, o al menos al padre. Todos “ellos” se turnaban tras el mostrador y el conjunto se componía de “el padre”, un tipo en edad de jubilarse y demasiado obsequioso para mi gusto; “la madre” , justo lo opuesto al marido, no en edad pero sí en el trato. Un moño mal encarado con cejas y labios pintados de oscuro y las uñas más largas que se hayan visto desde Fú-Manchú. Me podía imaginar que utilizaba esas uñas para aferrar los últimos vestigios de juventud. Quizás ella era responsable del mantenimiento intacto de la decoración: necesitaba proteger aquel entorno como su propia urna. También había un par de hijos en torno a los cuarenta; una copia de su padre con menos canas y expresión más ausente que ocupaban el turno de noche... y sus dos esposas, que ocasionalmente hacían substituciones. Ellas sonreían con más frecuencia e incluso me parecía que de modo más sincero y cordial. Por último, para completar el cuadro, varios críos arriba y abajo con sus triciclos por los pasillos.

Bueno, aquella noche pues, me reclamaron desde la zona privada de recepción para enseñarme algo “especial, único...un tesoro”. El tesoro consistía en un libro, muy grande, con gruesas cubiertas de cuero repujado e incluso un candado. Aquello podía ser el diario de Polifemo; totalmente espantoso por fuera y en su interior... bueno!... Mientras pasaba las páginas me fue contada la historia del hotel y cuan moderno y señalado fue en su comienzo, emplazado en el corazón de la antigua ciudad. Siento haber olvidado los detalles o quizás no llegase a retenerlos porque mi atención naufragaba en aquellas páginas. A grandes rasgos pude retener que durante algunos años de esplendor el hotel fue lugar de encuentro de artistas e intelectuales de paso por la ciudad. Con cada ocasión habían sido invitados a dejar una pequeña memoria en forma de dibujo, poema o escrito en las páginas de aquel mamotreto como signo de amistad y reconocimiento. Todos estaban firmados y fechados, el último en el 78. Las razones de porqué dejaron de acudir quedaron oscuras para mí. En cualquier caso era mi turno de recoger el testigo, casi cuarenta años más tarde. La oferta me deprimió al instante. La colección era una pesadilla. No fui capaz de reconocer uno sólo de aquellos egos olvidados y la idea de incluirme me parecía de mal presagio. Pero me cuesta decir “no”. Es una de mis faltas; así que balbucí una promesa y me llevé el libro a mi habitación.

En los días que siguieron intenté olvidar mi compromiso; pero era difícil eludir la presencia de aquel cadáver esperando en el banquillo de la entrada. En mi descargo puedo decir que no hubo un sólo día en que no llegara muy cansado por el ritmo y la concentración que me exigía el trabajo en el museo. Hacer un mínimo esfuerzo extra en la misma línea se me hacía un mundo. Además, y probablemente el impedimento real, era que no tenía ni idea de qué hacer. Los ejemplos de mis antecesores mostraban claramente que era un asunto que había que considerar. La situación se había estancado y yo me estaba volviendo paranoico tratando de eludir las miradas expectantes que “ellos” me dirigían al entrar o salir. Pero... en cualquier caso... ¿por qué estaba tan preocupado? ¿Qué clase de responsabilidad sentía sobre mis hombros? ¿Acaso tenía que justificar las expectativas de renacimiento del padre, escapar de las garras de la madre, sacar del letargo a los hijos... a lo mejor sólo corresponder a la amabilidad de las esposas y ser un buen ejemplo para los niños...? Había demasiada gente mirando sobre mi hombro, o eso imaginaba. Y yo... ¿Qué quería yo? Lo mismo de siempre: una respuesta a esta pregunta.

A veces pienso que mientras buscas no puedes encontrar. Son acciones completamente distintas; en la práctica opuestas. Otras veces se me ocurre que esto es una memez: un argumento demagógico. En cualquier caso lo que ocurrió fue simple. Había pedido cambiarme de habitación. El servicio de limpieza empezaba su rutina por mi descansillo y resultaron demasiados aspiradores antes del desayuno. Antes de marcharme, la última noche que pasaba allí, decidí hacer un dibujo de despedida a aquella habitación que realmente me gustaba mucho, como un retrato o un tributo a las muchas horas solitarias que había pasado allí. Y así lo hice. Cogí el libro, lo abrí por la mitad y con cuidado, intentando eludir cualquier contribución por mi parte, dibujé desde mi posición en la cama. La silla frente a mí, la ventana, la doble cortina y los otros objetos y muebles bajo mi vista. Y disfruté del esfuerzo y del resultado.

A la mañana siguiente entregué el libro sin esperar respuesta.

Espacio para soñar

Juan Naranjo

Fue expuesta desde el 26 de noviembre de 2009 hasta 9 de enero de 2010.
Obra de la exposición Espacio para soñar

Juan Naranjo (Madrid, 1979) estudia en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid y empieza profesionalmente en el mundo de la pintura de la mano del pintor y cartelista Alberto Pirongelli especializándose en pintura mural, carteles de cine y pintura al temple de gran formato. Tras unos años de intenso trabajo se siente atraído por otra forma de expresión y obtiene una beca de Postgrado para estudiar de la mano del pintor chileno Muñoz Vera en la Fundación Arauco en Chichón. Actualmente es profesor de pintura de la Academia.

¿Por qué elegiste el lenguaje del realismo para tu obra? :

La pintura realista o cualquier otra forma de expresión plástica no es algo que se elija o a lo que se llegue después de tomar una decisión. Es algo que se va generando a lo largo de una vida en la que uno tiene la necesidad de expresar de alguna forma lo que le rodea, los sentimientos, los placeres, lo negativo. Para mi el medio mas sencillo de poder generar esos momentos o sensaciones es la pintura realista, siempre lo fue, siempre he tenido una preocupación por los momentos concretos o instantes, ya fuese la luz rasante que dominaba una ciudad vista desde el aire, o la expresión de un rostro, una mirada, un gesto.

¿Cuáles son las pretensiones de tu exposición?

Mi meta de cara a la exposición, es poder transmitir al espectador las sensaciones que yo pueda tener mientras pinto un cuadro. Crear un dialogo y que pueda llegar a sentir esa atmósfera, ese color, que perciba la temperatura del lugar, que en el caso de los paisajes, para mi, llega a tener mucha mas importancia que la ciudad en si. Aunque la forma es realista, mi intención es que el receptor intuya la parte más abstracta, que normalmente esta detrás de lo que vemos a simple vista.

Sobre los temas de figura, me gusta dejar el guión abierto y que el propio observador acabe de concluir la historia según su manera de ver y entender el cuadro, se trata de huir de lo evidente y dar una libertad absoluta. Situaciones cotidianas, pero dentro de un contexto teatral, cinematográfico, onírico y a veces irreal. Al final vuelvo a huir de la realidad, alterándola, ya sea pintando un paisaje, o un interior con figuras.

A mi solo me gustan los cuadros que te dejan un espacio para soñar. Creo, que al final lo único importante de cara al entendimiento intelectual de un cuadro abstracto o realista, una película, una opera, es que te permita sumergirte y aislarte por unos momentos de la continua realidad en la que vivimos, y eso es lo que pretendo causar al publico.

Discurso de la Piedra

Pedro Escalona

Fue expuesta desde el 20 de octubre de 2009 hasta 21 de noviembre de 2009.
Obra de la exposición Discurso de la Piedra

En la Palacio de los Conservadores, en Roma, puede contemplarse una de las más hermosas metáforas de la condición humana. De lo que algún día fue la estatua colosal de Constantino, apenas queda un pie segado, una mano con el índice erecto, desposeído de cualquier autoridad; la cabeza perdida, la mirada vacía de las piedras. Desde el patio que alberga tan fabulosos despojos, el espectador reconoce como propios todo su esplendor y su miseria. De algún modo, él es también un ser mutilado. Puede que alguna vez, como Constantino, creyera administrar un discreto imperio.

Hay algo de solidaria complicidad en la degradación de los objetos inertes, como si, al llamado de una orden misteriosa, hubieran de mostrarnos con su ejemplo la precariedad de cuanto existe. El óxido se apodera de los metales al tiempo que nuestros miembros se entumecen. La terracota se corrompe del mismo modo que se marchita la piel. Y el alma, que pudo ser vidrio rutilante, acumula el polvo espeso del desencanto y termina acusando su quiebra.

No termina ahí, sin embargo, el magisterio de estos objetos, que sobrevivirán en los lienzos de Pedro Escalona mucho después de transformarse en polvo. También nos prometen que, bajo la pátina inclemente del tiempo, ciertos encantos sumergidos sucederán al brillo de lo nuevo, de lo inmaculado, de lo joven. Así nos estremece el vigor de las antigüedades; así nos seduce el jaramago que prospera en la roca podrida.

Escalona adora esta ingeniería, ha aprendido a leer en ella. No se explica de otro modo la sutileza con que su pincel proyecta luces tibias sobre las superficies, las dota de aliento y las invita a relatar su historia. Todo ello con ese gusto tan oriental por la ceniza, la opacidad o eso que los japoneses llaman el color de las tinieblas. Pero la vida no es una intrusa en sus cuadros: transpira en la urdimbre del lienzo, desbarata la soledad, conjura el silencio. Sobre su sorda melancolía, a menudo se posa ese ave que los poetas redichos quisieron emparentar con la felicidad. Alejandro Luque.D

Los Deshabitados

Jesús Mansé

Fue expuesta desde el 15 de septiembre de 2009 hasta 9 de octubre de 2009.
Obra de la exposición Los Deshabitados

Según iba a concluyendo los cuadros que conforman la presente exposición, pensaba, un poco despreocupadamente, en cuál era el hilo conductor –si existía- que emparentaba a todas estas obras. Miraba alrededor. Piezas grandes, medianas, pequeñas. Una suerte de mosaico aleatorio donde las playas daban paso a los paisajes nevados, donde el cielo y el océano se encontraban y conversaban sin prisa. Paisajes ajenos a la estridencia.

Paisajes que rehuían al dictado del ojo y obedecían a una voluntad puramente emocional. En el fondo –seguía pensando- no estaba ante nada nuevo. Nada que no figurara en mis entregas previas: es difícil que los intereses de un artista experimenten mutaciones profundas en cortos espacios de tiempo. Mi argumento siempre se ha valido de conceptos como la fugacidad, la vulnerabilidad de casi todo lo que el artista percibe en la contemplación del paisaje, o por el contrario, en aquellos elementos que cuyos cambios son imposibles de precisar en lo que dura una vida humana.

En estas reflexiones renovadas sobre la medida de lo humano para cuantificar las dimensiones espaciales y temporales del paisaje, hice consciente una cuestión que sólo había considerado muy superficialmente pero que eran una constante vigorosa en el conjunto de mi obra reciente: el hombre era el gran ausente en mis cuadros. Y su situación se había acentuado aún más si cabe con el tiempo. Las huellas de lo humano, que aún siguen estando presentes aunque de manera secundaria, aparecen ahora forzadas en su desolación. Es como si la presencia del hombre se estuviera alejando cada vez más de nuestra percepción. Como si ya no tuviéramos un lugar en esos escenarios, y las pocas señales de humanidad que quedan vigentes, tuvieran prisa en desaparecer. Este análisis me llevó a un título que a la postre es el de esta exposición: Los Deshabitados. Refiriéndome con ello a estos paisajes despojados del hombre. La utilización de artículo “los” en el título vincula estas imágenes con una existencia inteligente que ha poblado los lugares que reproduzco en mis pinturas; en definitiva, los dota de una sustancia puramente humana. La negación nos habla a la vez de un momento en el que sí fueron habitados así como de la posterior desocupación de los mismos.

Apuntando estas someras claves, el resto de este conjunto, de estos “deshabitados”, es concitar al espectador para que no quede indiferente ante ellos. Invitarle a reconocer en la esencia de estos paisajes, la ausencia del hombre, la de ellos, como parte complementaria y singular del ser humano.

Jesús Mansé

Exposición colectiva: Espacios 09

colectiva de 6 pintores Realistas

Fue expuesta desde el 9 de julio de 2009 hasta 9 de septiembre de 2009.
Obra de la exposición Exposición colectiva: Espacios 09

La Galeria Ansorena acoge este próximo mes de Julio su última exposición de la temporada; una exposición colectiva de 6 pintores Realistas.

Daniel Aguirre, pintor chileno, becario de la Primera Generación de la Escuela de Chinchón, cuenta con importantes exposiciones en Chile y en España. Participa en esta colectiva con una obra de gran formato. Jorge Izquierdo, peruano-chileno afincado en España desde hace algo más de 9 años, llegó como becario de la Escuela de Chinchón de Muñoz Vera. Destacamos la matización del color y la riqueza de los empastes en sus obras en las que demuestra, además, un gran dominio del dibujo.

Enrique Meana, Medalla de Honor en el Premio ABC de Pintura, BMW y Penagos, vuelve con temas urbanos después de la última exposición que realizó con gran éxito. Xavier Rodés, catalán, alumno de Serra de Rivera, es un pintor que se aleja de la convencionalidad. En sus obras mares, cielos y campos se convierten en zonas de color con una tarea plástica concreta y la luz que en ellos encontramos ya no sirve tanto para iluminar, sino para insinuar las cosas en función de un resultado plástico.

Jaime Valero, Premio BMW, es un pintor joven con una sólida trayectoria en EEUU. En su obra encontraremos fundamentalmente figura, magníficos retratos de medio y gran formato.

Carlos Vega, becario de la Primera Generación de la Escuela de Chinchón, participa en esta colectiva con cuadros de una destreza técnica interesante: representa catálogos y posters de exposiciones metidos en bolsas de museo, con el correspondiente estudio de reflejos y transparencias del plástico.

La piel de la tierra

Carlos Marcote

Fue expuesta desde el 12 de junio de 2009 hasta 7 de julio de 2009.
Obra de la exposición La piel de la tierra

Carlos Marcote es invisible. Ante cualquiera de sus obras, que hablan de algo parecido a lo inexistente, me doy cuenta de que él, su autor, es inmaterial, como un espíritu quieto en apariencia, al que nos impide verlo la velocidad de nuestros días y de nosotros que viajamos en ellos, remando desaforadamente hacia no sabemos dónde. Estamos demasiado ocupados en ver cómo el mundo nos adelanta, se nos escapa, sin que podamos hacer nada, por mucho que nos esforcemos en situarnos a la par. Por esa razón, tengo la impresión de que nos es muy difícil entrar en la obra de Carlos Marcote libres de prejuicios, a pesar de que parezca lo contrario, cuando observamos las cosas de refilón. Yo sólo puedo hacerlo cuando me paro, que es el momento en el que Marcote comienza a corporeizarse hasta plantarse ante mí. Entonces, inmerso e inquieto, con él, en su propio movimiento, miro sus obras y, mágicamente, me lleno de evidencias. Me invade la certidumbre de nuestra insignificancia al mismo tiempo que el orgullo de ser consciente de ello. De ser capaz de verlo o, mejor dicho, de que el pintor sea capaz de situarme en ese momento. De que haya podido pararme unos eternos instantes, para que un brutal silencio me conmueva.

Ante estas pinturas, no podemos engañarnos con un discurso banal. Muy al contrario, me parece que tras sus levedades, se nos presenta la condición del ser finito, de su incapacidad para la comprensión de la realidad a la que nos abocamos sin remedio. Son sólo estampas de la soledad del hombre sin hombres y la constatación de la paradoja de la pequeña consciencia que suponemos y que Marcote nos recuerda. Poco más.

Precisamente a causa de su pequeñez, sus pinturas para nosotros son descomunales preguntas cuyas respuestas son inabarcables y eso nos obsesiona. Somos casi nada, una brizna, pero intensamente asustados por el poder de los dados tramposos del futuro.

Mientras tanto, mientras huimos y nos escondemos entre estas líneas, Carlos Marcote pinta que el vello de la tierra es verde. La pelusa del orbe es de un verde luminoso y matizado. Según describe Carlos Marcote, las postillas son ocres, amarillas, marrones. Las cicatrices abiertas sangran agua clara que se tiñe del azul del cielo. La luz viene y va. Los apósitos son grises y ceniza, sucios pero extrañamente bellos. El crepúsculo rojo silencioso, vacío pero no deshabitado. Vacío vivo. Vacío de nosotros. Uno piensa, sin querer, que algo terrible ha pasado (o no ha pasado aún) cuando vemos estos cuadros como la piel del mundo. No sólo como un paisaje recurrente, sugerente y ensoñador. Sino como la piel del mundo.

Pinta Carlos Marcote, que el musgo que cubre la piel de la tierra es suavemente ondulado mientras se extiende por aquí y por allá, como el rizoma. Mira Marcote y ve lo que nosotros no vemos (debe ser a causa de su peculiar velocidad). Hay una mirada incrédula ante la belleza que se muestra limpia y que se mueve, apenas, sin que lo notemos. Y un escalofrío recorre mi piel de ácaro.

Daniel Castillejo.

Director del Museo Artium

Vitoria

Inventar la Realidad

Miguel López Coronado

Fue expuesta desde el 7 de mayo de 2009 hasta 5 de junio de 2009.
Obra de la exposición Inventar la Realidad

El objetivo principal no es el de ofrecer nuevos temas mas novedosos y originales, entre otras cosas porque las soluciones de estos cuadros empiezan a distanciarse de las de años atrás. Confieso que cada cuadro que realizo me sugiere la posibilidad de realizar numerosas variaciones, validas también e igualmente interesantes de forma que de un punto de partida se puede llegar a muchos destinos todos ellos atractivos. Tanto es asi que las opciones para una misma obra son interminables y que un solo cuadro bastaría, si ello fuera posible, para llenar gran parte de la vida de un artista. Seria bueno fotografiar la obra en varios momentos del proceso y mostrarlo finalmente como un recorrido apasionante.

En cuanto a mi forma de representar lo que veo tampoco es mi intención contar las cosas de una forma objetiva. Ese es el trabajo de un reportero o un cronista. Lo que intento es ofrecer imágenes nuevas y muy personales.

La forma de hacerlo es desarrollando un trabajo de búsqueda en el mar del lenguaje plástico de la pintura, dándole protagonismo a la materia y manipulándola con la esperanza de que se exprese con elocuencia.

Como todo es parte de un proceso incierto en el que desconozco sus fases me encuentro muchas veces perdido intentando encontrar un camino valido que me lleve a algún lugar.

Espero que al final la imagen creada consiga emocionar al espectador.

Miguel Coronado

La ciudad íntima

Ricardo Galán Urréjola

Fue expuesta desde el 26 de febrero de 2009 hasta 4 de mayo de 2009.
Obra de la exposición La ciudad íntima

San Fernando. Cádiz.

Comienza su andadura en el mundo de la pintura muy joven. Asiste al taller del pintor Torres Brú en Cádiz, y luego ,ingresa en la Facultad de Bellas Artes “Santa Isabel de Hungría” en Sevilla. Años Después se interesa por el Grabado en la Escuela de Arte de Olót, en Gerona.

Actualmente, colabora con diversas Galerías de Arte y su Obra ha Llegado a varios países de Europa.

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